Los árboles presentes en el espacio destinado al culto, serán los Abedules Blancos. Una obra pictórica de la mano del Ilustrador Asturiano D. Fernando Fueyo, pintor de cámara de los árboles, retratista de sus movimientos y versador de sus sentimientos, con los que de manera casi poética los humaniza como seres vivos.

Unas letras escribió el abedul,
cuando apenas alumbraba en su crecer.
Un palmo de plata apuntaba al sol, como el dedo
de un niño curioso.

Pronto, en el papiro de su corteza,
anidaron palabras y versos. Crecía.
Un despiste, una mirada perdida y las estrofas
rodeaban el tronco:
Ansiaban contar.

Entonces el azul enamoraba sus tardes,
ya la luz leía sus poemas.
Una copa de trinos y plumas amaba los vientos,
un canto de reyezuelos coloreó las hojas.

Aquellos días las raíces amasaban
la tierra con mimo.
Olían el humus fértil de la vida.
Deletreaban la hojarasca.

Muchos le amparaban en su crecer,
un anaquel de abedules que dialogaban…
conversaban para vivir.

Reflejos, brillos, fulgores.
Destellos, visos, resplandores.
La plateada claridad del abedul,
era oro molido,
albor de nuevas luces.

A la obra de los Abedules de Fernando Fueyo
de Raúl de Tapia